Las condolencias del gobierno de Siria a Turquía después de la muerte
de cinco ciudadanos turcos ayer por un disparo de mortero de
procedencia desconocida, no parecen haber sido suficientes. El jueves
por la mañana, la artillería turca continuó disparando contra objetivos
militares sirios en el sector de Rasm al-Gazal, escenario de combates
entre militares y rebeldes sirios que se han desbordado aparentemente
hacia la parte turca.
El Parlamento turco se reúne esta mañana para discutir el futuro de
esta escalada. Erdogan busca permiso para llevar a cabo operaciones en
territorio sirio en nombre de la “seguridad nacional”. Veremos lo que la
oposición dice, tras manifestarse en contra de la política del gobierno
en relación a Siria.
No vamos a perder demasiado tiempo en analizar la reacción de Turquía
y la OTAN, ya que ésta está caracterizada por la misma hipocresía que
ya se conoce: todo el mundo conoce el papel de base de retaguardia
gigante de los terroristas sirios que está jugando la Turquía de
Erdogan. Durante más de un año, Siria habría tenido todas las razones y
pretextos para declarar la guerra a su vecino -que ampara, arma y
financia a los terroristas sirios- si hubiera querido. La ONU ha
mostrado una deshonestidad similar, a través de Ban Ki-moon, instando a
Damasco a cumplir el Derecho Internacional, que ha sido deliberadamente
burlado por Erdogan durante tanto tiempo.
Obviamente, no es del interés de Siria el iniciar una guerra con
Turquía, a pesar de la provocación continua del gobierno de Erdogan. Por
su parte, el primer ministro turco quiere dar una señal de fuerza,
jugando con el sentimiento nacionalista y afirmando que no puede
quedarse de brazos cruzados después de la muerte de sus nacionales. No
es probable, sin embargo, que Erdogan vaya a lanzar una guerra contra
Siria. Turquía ya está inmersa en un conflicto, aunque de intensidad
relativamente modesta, con el PKK turco, que puede extenderse pronto al
PYD sirio-kurdo.
Por su parte, los países occidentales no tienen deseos tampoco de
provocar una guerra que engulliría toda la región y atizaría el
extremismo contra el que ellos se sienten obligados a luchar todavía en
otras partes. La OTAN tiene crecientes y serios problemas en Afganistán y
podría afrontar otro conflicto en el Sahel africano, donde el
extremismo ha continuado incrementándose en los pasados meses.
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