Irán no piensa observar cruzado de brazos como la UE se prepara para la introducción del embargo petrolero a su país a partir del 1º de julio. La respuesta de Teherán podría remecer la economía de algunos países, la que ya se encuentra a muy mal traer.
Esto es válido sobre todo para Grecia, España e Italia, los que justamente dependen, en buen grado, de las importaciones de crudo iraní. Valga señalar que Grecia satisface en un tercio sus necesidades internas energéticas, a costa del petróleo de Irán. España, en un 15%, e Italia, en un 12%. Difícilmente van a poder estos países reorientarse a otras fuentes de hidrocarburos. Y es que, un nuevo abastecedor conlleva nuevas rutas de suministro y otras tecnologías de refino, lo que en la práctica se traducirá, obviamente, en gastos considerables. Con ello concuerda el analista Valery Nesterov:
Si Irán materializa su amenaza, Europa se verá en una situación engorrosa, pues tendrá que reorganizarse a marcha forzada. Esto provocará tensiones, posiblemente, un cierto pánico en el mercado petrolero y podría llevar al aumento por un tiempo de los precios mundiales del petróleo. Otro cantar es que, esa alza de precios no será prolongada, por cuanto existen posibilidades de compensar la ausencia de las exportaciones iraníes, a costa de suministros de crudo de considerables reservas estratégicas y comerciales, las que sumen unos 4 mil millones de barriles. Se trata de reservas de los países que integran la Agencia Energética Internacional. En el primer mes podrían ser ya retiradas de esas reservas más de 50 millones de toneladas para ser entregadas a consumidores europeos.
Según los datos de la Agencia Energética Internacional de octubre de 2011, las reservas nacionales de crudo alcanzan, con la actual norma de consumo, en Grecia para 86 días, en España, para 104 días, y en Italia, para 123 días. Es posible que a los náufragos lance la boya de salvavidas Gran Bretaña, cuyas reservas alcanzan para 423 días. Pero, en cualquier caso, la UE enfrentará dificultades de consideración.
A Irán no le espera tampoco una vida tranquila. Aparte de que perderá miles de millones de dólares de los beneficios que no percibirá, sobre Teherán pende la amenaza del pago de penas pecuniarias por incumplimiento de contratos ya pactados y vigentes de suministro de crudo a los países de la UE. Es verdad que, realmente, los pagos serán posibles solo después de prolongados pleitos en instancias judiciales internacionales.
Es posible que en Teherán tengan ya esto en cuenta y actúe como aquel personaje del cuento que prometía a un gran señor, por una compensación, enseñar a su burro a hablar en 20 años. Y a la pregunta de sus amigos de si era eso posible respondía: De aquí a 20 años, o se muere el gran señor, me muero yo, o se muere el burro. Traducido a la situación de los pagos pecuniarios, estos quedan para un futuro incierto, mientras que el golpe a los intereses europeos es una realidad del presente.
Otro asunto, no menos interesante, es como podría pagar Irán esas multas si la UE implantó ya la prohibición total a las transacciones con el Banco Central del primero. En tanto, los beneficiados de estas batallas serán los competidores de Irán por su porción de ese “pastel petrolero”. Sobre todo los países del Golfo que manifiestan ya su disposición a compensar la cuota de Irán en el mercado energético mundial.
Mas aún, a un precio creciente, en medio de la nerviosa situación actual.
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